Una visita a Mordor

Hace unos días, me quedé alucinado con un link que me mandó mi chica en donde se catalogaba al volcán Pacaya de  Guatemala, entre los 10 senderos más peligrosos del mundo. Junto al link ella me decía “mira donde me metiste, y yo sin saberlo”.

Lo cierto es que el primer sorprendido fuí yo. En el 2009 elegí ese volcán para subir con ella, asegurándole que era el más facil de cuantos teníamos a mano en la zona que rodea Antigua. Me lo había hecho previamente en 2003, y por aquel entonces había sido un paseíto de nada. Toda la excitación que tenía por subir mi primer volcán activo, se evaporó a medida que llegaba a la cima y comprendía que lo de activo era casi un decir. El chorrito de humo que expulsaba en el centro del cráter era menos impresionante que abrir el grifo de la guest-house de Antígua donde estábamos y ver esa cosa viscosa y marronácea salir a borbotones.

Estando en Antigua por primera vez con ella, rodeada de imponentes volcanes como el Agua, Acatenango, Fuego, era inevitable que ella quisiere probar a subirse alguno… tan inevitable como a mi me apeteciese llevarla (os situo: por aquel entonces aún estábamos “conociéndonos”, aún no habíamos formado familia propiamente dicha).

Volcán Agua desde la azotea de la guest-house de Antigua. Recibe su nombre del lago que se forma en su cráter. Aunque no ha tenido erupciones recientes, este volcán es el culpable de la destrucción de la ciudad por dos veces en el siglo XVI, motivo por el cual se decidió mover la capital de Guatemala a su actual emplazamiento, dejando así Antigua como el hermoso pueblo de corte colonial que es hoy en día.

“Pero es seguro?” me preguntó Yao Hua. “No te preocupes, es el más fácil y seguro de todos los volcanes de Guatemala”. Días después, compartiendo la idea con mi viejo amigo Luis Padilla, que proviene de una familia guatemalteca de alpinistas y amantes de los volcanes, dió un giro inesperado a esta imagen angelical del Pacaya, hablándonos de las erupciones que, desde 2003, habían acontecido en él. Yao Hua tragaba saliba, mientras Luis se emocionaba recordando cómo una de ellas había llenado de cenizas toda la ciudad de Guatemala…o como otra había matado a no se cuanta gente. “Bueno, bueno, pero no es para tanto…no?” Le miré buscando apoyo y sabiamente zanjó “nah, eso fue una cosa puntual…además como acaba de tener una erupción hace pocos años, en teoría tardará bastantes años en tener otra. Sino, también teneis el volcán Fuego, pero ese es desde luego más peligroso”.

Erupción del volcan Fuego, fotografiado a toda prisa desde un mercado de Antigua. Se puede observar cómo una avalancha de lava y rocas cae ladera abajo. Tras verlo, no cabía duda alguna: ascender el Fuego,  descartado.

Por 8 dólares por persona, nos agenciamos con un tour organizado que te recogía en Antígua, te llevaban hasta el cráter del volcán y te devolvían sano y salvo justo para la cena. Tened cuidado, porque muchas de las agencias turíticas que hay por antígua no son muy fiables. Nosotros escogimos el “tour del atardecer”, supuestamente debíamos llegar a lo más alto de la ruta justo a tiempo para ver el sol ponerse. El bus llegó casi 2 horas tarde, el grupete de mochileros de diversas nacionalidades que lo estábamos esperando, no dábamos crédito a lo que veíamos. No quedaba más de hora y media de luz…y el trayecto en bus iba a durar unos 40 minutos. El guía nos lo dejó claro: no nos devolvería el dinero, ya que según él, aún estábamos perfectamente a tiempo de hacer el tour. A regañadientes aceptamos (todos excepto una pareja suiza) y nos pusimos en camino.

Pese al retraso, una vez en el camino empezamos con muy buena onda, yo incluso me animé a hacer un rato el payaso.

A medida que avanzábamos, me di cuenta de lo mucho que había cambiado el volcán desde mi anterior visita de 2003. Pasamos por varias zonas de lava bastante reciente, en esta foto se puede apreciar la diferencia de color (más oscuro) de un río de lava de la erupción de 2006.

Menuda sorpresa! Tras pasar una loma, nos encontramos con un río de lava incandescente. Siendo ya noche, y viendo que el río estaba potentón, la ruta terminó de ascender ahí.

Con el fresquito que hacía allí arriba, y lo calentito que estaba el suelo, decidí sentarme un rato…entonces me dí cuenta que un pequeño montículo que pasaba a mi lado era en realidad el mismo río de lava. Ya medio solidificado en la superficie, por debajo la lava sigue estando incandescente. Se puede observar en la parte derecha de la foto.

Pensé para mí “joder, no voy tener de hacerme un bocata en un sitio así nunca más en mi vida”. Saqué de fiambrera y…me sentí como Frodo en Mordor preparándome una ración de pan de lembas.

Algunos consejos prácticos para elegir el volcán adecuado

Pacaya es sin duda la ascensión más facil, no tardas más de 2 a 3 horas en llegar a la parte cónica del volcán. Eso no implica que sea una travesía facil, las aristas y rocas puntiagudas por todas partes requieren de ti la máxima concentración. Desde luego, es una perfecta opción para pasar un día en un volcan activo, ver la lava de cerca y volver a cenar a Antigua.

Hay otros volcanes en Guatemala que merece la pena subir. Sin duda, otro de ellos es cualquiera de los que hay alrededor del lago Atitlán. Este es un lugar muy especial también, pero la visita ya necesita de varios días. Son unas 3 horas de carretera hasta Panajachel, pueblo muy turístico a orillas del lago, desde donde te puedes mover a otra serie de pequeños pueblos como San Marcos, San Pedro o Santiago de Atitlán. Cada uno tiene un encanto diferente, San Marcos se ha convertido en una especie de meca del New Age (se ha llenado de gringos) y puedes ver a un montón de ellos practicando yoga y otras técnicas de autocuración. Además, podrás ver a varios “chamanes” amigos de los gringos haciendo sus rituales. San Pedro es por el contrario un pueblo con fama de hippie y fiestero. En el pasado se celebraban “raves” y ha habido alguna bronca que otra con la población local, que se empezó a cansar de tanto desmadre. En 2011 es la última vez que lo visité y lo cierto es que estaba bastante tranquilito y agradable. Santiago de Atitlán es el pueblo más grande del lago, es mucho más indígena y se respira un ambiente mucho más local (léase también caótico y sucio por partes). En el pasado tuvo fama de violento, pero la verdad es qe yo nunca sentí nada así.

Una manera perfecta de conocer el lago Atitlán es dandose un paseo en caballo.

Como conclusión, creo que lo más justo es decir que cada tipo de volcán tiene su encanto. Si quereis ver un volcán activo, desde luego el Pacaya, pese a lo que digan, es el más accesible. Lo que no tendreis tanto son esas vistas panorámicas espectaculares. Están bien, pero no son impresionantes. Por otro lado, los volcanes de Atitlán no están en activo, pero desde luego las vistas que tienes del lago y las montañas son de quitar el hipo.  También debes tener en cuenta que los de Atitlán son volcanes más altos y más cansados de subir. Yo personalmente no soy del tipo de gente que necesita llegar a la cima, con ganar cierta altura y luego “circular” a lo largo de los valles, lagos, etc… estoy más que satisfecho.

En Guate, mientras paseas, te encontrarás principalmente a alguna de la gente más sencillamente maravillosa que hay en la faz de la tierra… y también es cierto, a veces también te puedes encontrar a algún “pinche pendejo cabrón” que te puede hacer la puñeta. No vayais con miedo, seguramente sea una experiencia para recordar… pero tampoco vayais de inconscientes. Sentidiño por favor 😉

 

 

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