4 horas de curvas, 20 minutos por el aire

Estas pasadas navidades, las pasamos en familia con nuestra amiga Lek y un montón de gente maravillosa en Pai. Tras las inundaciones de 2011 en Tailandia, sufrimos diversos retrasos que hicieron peligrar nuestro plan inicial de pasar allí uno o dos meses. Tozudo como soy, forcé un poco la máquina y logré estar unas dos semanas largas.

Yao Hua me insistió mucho en que la carretera a Pai, desde Chiang Mai, es un horror: cientos de curvas sin cesar, en una carretera que sube y baja valles bastante profundos. “Padma lo va a pasar mal”, me decía. Yo, con las ganas que tenía de volver por allí con mi recién estrenada familia de 3, y contarle a mi hija que allí en cierto modo comenzó todo lo que a la postre derivó en la vida y la familia que ahora disfruto, cerré el debate con un “bah, son solo 4 horitas, y luego, 18 días de paz”.

Lo cierto es que pronto caí de mi error: Padma lo pasó francamente mal…y eso que decidí alquilar un taxi monovolumen privado (un dineral), que fue a nuestro ritmo y paraba cada vez que se lo pedíamos. Pese a todos estos esfuerzos, en la enésima curva de marras, Padma no pudo más y hecho hasta la primera papilla encima de su madre, que me miraba con esos ojos llenos de fuego y un mensaje grabado a hierro en su mirada: “te lo dije”.

Intenté salir con un argumento a lo “bueno, que heche hasta la primera papilla no es para tanto, al fin y al cabo, la criatura tiene nueve mesitos de nada…” Pero ante la persistente y inesquivable mirada de Yao-Hua, no tuve más remedio que reconocer mi error. “I am sorry” acerté a decir.

“Y ahora qué hacemos?” me decía ella. Estábamos a cosa de una hora de Pai, por lo que abortar el plan y volver a Chiang Mai era más incómodo…pero ahí comprendí mi segundo error: en realidad no son 4 horas de viaje, ya que a la vuelta te tocan otras 4 horas más. A esas alturas, no podía permitir que Padma pasase por el mismo calvario de nuevo, así que empezamos a buscar alternativas.

Lek, que es un sol de mujer, de madre, de amiga, nos comentó la idea de “volar” a Chiang Mai en una pequeña avioneta que hace el recorrido una vez por día. Preguntamos en el pueblo, pero todas las pequeñas agencias de viaje nos aseguraron que estaba todo “fully booked”. No era de extrañar, época navideña, dos sitios para el uno de enero era mucho pedir. La mirada de Yao Hua me atravesaba cada vez que teníamos un no por respuesta.

Justo cuando habíamos perdido toda esperanza, la víspera de nochebuena, casi por inercia, volví a abrir la página web de la pequeña compañía aerea que ofertaba los vuelos y no daba crédito a lo que veía: acababan de abrir un vuelo extra para el uno de enero! Fuimos los primeros en reservar. Gran alivio darle al click de “confirmar”. Volviendo a revisar la página un par de horas despues: volvía a no haber ninguna asiento libre. Interesante regalo navideño que recibimos, me recordó a aquella cita del El Alquimista de Paulo Coelho: “Cuando deseas algo con todas tus fuerzas, el universo entero conspira para que suceda”.  Esta conspiración nos permitió disfrutar de unos días maravillosos con Lek y un montón de gente más en un lugar tan especial como Pai.

Moraleja y consejo viajero: Pai es un lugar tremendamente especial, como podreis comprobar en otras entradas de este blog, pero tened mucho cuidado con elegir la opción de transporte que mejor se adapte no solo a vuestros bolsillos, sino a vuestra salud. Que yo sepa, hay los siguientes medios de transporte en la ruta Chiang Mai-Pai. Están ordenados de más económicos a más caros (y de más incómodos a más confortables):

  • Bus local: sin aire acondicionado y con una suspensión penosa que hace que tengas la sensación de ir en barco más que en bus. Salen de la estación de autobuses: en Pai está céntrica, pero en Chiang Mai hay 2, y la verdad es que siempre me hago la picha un lío con cual es la correcta, mejor preguntad en vuestro guest-house. Es muy barato, pero solo para estómagos que lo aguantan todo.
  • Minivan: Aunque tardan menos y pueden llegar a ser más confortables, los conductores suelen ser unos verdaderos kamikazes, lo que hace que el mareito esté casi garantizado. Otro problema es que a menudo, sobre todo en fechas punta, los llenan tanto que al final no se gana prácticamente en comodidad. Eso sí, tarda casi 1 hora menos que el bus. Otra ventaja: pasan a recogerte por el hotel (en la mayoría de los casos).
  • Taxi privado: Mucho más caro que las otras dos opciones. Solo compensa si sois varios. Las mayores ventajas: te recojen y te dejan en donde tu les digas, hacen tantas pausas en el camino como les pidas y además les puedes pedir que vayan más despacio si te mareas.
  • Avión: Tarda solo 20 minutillos, ni te enteras. La avioneta es bastante nueva y está bien equipada. Además, es toda una experiencia, ya que ves al piloto, la cabina de mandos y…las vistas son increíbles. Eso si, cada billete cuesta más o menos 1o veces más que la minivan.

La avioneta…

Cara de satisfacción de la mamá y de gustazo de la bambina sobrevolando Pai
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