Todo sobre mi Pai

Detrás de miles de curvas y varias docenas de montañas, se encuentra Pai. Un pequeño oasis hippie al norte de Chiang Mai, donde encontrarás un poco de casi todo; es la visión tailandesa de una aldea global.

Tres veces he estado en este lugar, que conocí, y reconocí, por una concatenación de casualidades que fueron marcándome el camino.  Pongamos en orden todos estos recuerdos…

El encuentro

Todo empezó en Bangkok. Yo estaba asistiendo a un curso sobre meditación y fundamentos del Budismo Theravada en un centro budista internacional, a tres paradas en barco de Kaosan Road. Tras una semana tomando consciencia de mi respiración, primero, y luego de cómo mis pensamientos van y vienen casi al margen de mi control y cómo me afectan al estado de ánimo, apareció una guapa italiana mochilera de pelo corto negro como el carbón. Me sonrió y así, por su cara bonita pasó de largo y fué directamente al meollo: logró charlar con el monje principal del templo. Ella, sin comerlo ni beberlo, y sin haber estado nunca antes allí, llegó y llenó.

Yo, que estaba flipando con lo bien que la tataban a ella mientras yo tenía que aguantarme los 40 grados a la sombra mientras meditaba sin que el susodicho menje me dedicase una mirada, la miré y ella me dijo “come with me”. Por un momento soñé que lo decía de manera literal y casi le digo “hasta el fin del mundo, nena” …pero solo se refería a la charla con el monje. Supongo que se dió cuenta de mi alucine por la facilidad con la que había llegado a lo más alto del escalafón sin apenas esfuerzo.

Tras la charla, de la cual no recuerdo mucho, estuvimos hablando ella y yo. Me contó que venía del norte, de un pueblecito llamado Pai, y que TENÍA QUE IR a ese lugar si o sí. A ella al parecer la había “sanado” y, desde entonces, todo le salía bién. “aha!”, pensé yo, “así es como has logrado que el monje te haga caso y no por tus…” Sin querer ser grosero, y ahora hablando en serio: sentí que era una señal.

Llevaba poco tiempo en Bangkok y de viaje en general y no sabía a dónde dirigir mis pasos. Estaba esperando a eso: una italiana guapa con mucho magnetismo que me dijese a dónde ir. “I will go” le dije y a continuación le regalé una copia de mi primer corto, Paralelo. “Seguro que ahora pierde la cabeza por Xaime”, pensé. Prota masculino del corto, gran compadre donde los haya y un tipo con mucho magnetismo también. Nunca lo sabré, ya que ahí se quedó nuestra relación: en un intercambio de emails que nunca llega a usarse. Pero le debo algo importante: esa fué la primera vez que oí hablar de Pai.

Tras unos días, me fuí a Kho Chang, una isla del golfo de Tailandia y, tras cosa de 10 días volví a Bangkok, con la idea fija de comprarme un billete de tren con destino Chiang Mai. La idea había madurado no a partir de la recomendación de esa italiana, sino a partir del descubrimiento de otro centro budista donde hacer un vipassana no muy lejos de allí. Fuí al monasterio y estuve de retiro por una semana. Al salir, me fuí a un hostal cutrillo no muy lejos del centro.

El primer día, conocí a un guiri que estaba viajando por el mismo motivo que yo: airearse la mente después de una dolorosa ruptura sentimental. Al cabo de un rato, el tío cogió carrerilla y era un no parar: que si nunca me volveré a enamorar de la misma manera, que si blablabla… wow, fue realmente como verme a mi mismo desde el exterior. Lo mismo que había estado haciendo en el vipassana, pero a lo bestia, proyectado en otra persona. “Joe, si que doy lástima y si que debo aburrir”, me dije para mi mismo.

Ese mismo día también había conocido de pasada a un grupito de españolas punkis que estaban en Chaing Mai aprendiendo masaje tradicional tailandés. Me habían dicho que había un concierto de ska en nosedonde… y me habían pasado un flyer. En medio de esa psicoterápia gratis que les estaba facilitando al guiri, me vino el flyer a la memoria, lo saqué del bolsito lo leí y le dije: “hey man, creo que lo que necesitamos es un poco de fiesta y olvidarnos de tanto rollo”.

El tío me miró descolocao… con cara de “jo, pero te estaba abriendo mi corazón y tu me vienes con fiesta… cómo sois los spanish”. Le insistí: “mira tío, estamos de viaje, en un lugar que no conocemos, es sábado por la noche y solo hay dos opciones: seguir anclados en nuestros pequeños dolores como si siguiésemos en nuestras casas recluídos, llorando como bobos,  o aprovechar la oportunidad que nos ha brindado la vida de descrubrir un nuevo lugar”.  Esto, por cierto, fue parafraseando una idea escrita en un email de buen amigo que Xaime me había dedicado… algo así como: “es muy facil viajar sin moverte mentalmente tio, si te vás, que tu mente te acompañe, no te quedes anclado en esta historia que dejas aquí”. Sabia frase de joven padowan licenciándose honoris causa.

En fin, que allí estaba yo, llevando de paquete a un tipo de 1,85 que no tenía ni puta idea de andar en moto, surcando las callejuelas de Chiang Mai en busca de un garito con un concierto de Ska. Tras muchas vueltas y un par de veces que casi nos vamos al suelo (mierda de equilibrio que tenía el colega), allí estábamos. Entramos y fuimos directamente a la barra. Nada más recibir la primera cerveza, acaba una canción y la banda se despide. “Hombre, no me jodas” dije en alto.

Una punki se giró y era ella: una de las spanish.  Hablamos un ratín pero sin más, se piraba a dormir que al día siguiente tenía clase de masaje muy tempranito. A lo lejos ví a un tío de rastas con pinta de spanish. Recordaba haberlo visto por el hostal. Me acerqué y le dije: “hey tío, creo que estamos en el mismo hostal, eres español no?”. El tronco se gira con bastantes aires, me mira con cara de “pero quien coño eres tu” y me dice “pues no se”. “No sabes si eres español, o no sabes si estamos en el mismo hostal?” le espeto para que aterrice un poco esa mirada de macarrilla.

Me vuelve a mirar y tras unos segundillos de silencio, empieza a hablar conmigo. A los 20 minutos ya estabamos compadreando como amigos de toda la vida. Descubrí que le llamaban brusko, lo cual explicaba la chulería del principio. Nos tomamos varias cervezas, escuchamos el concierto de la siguiente banda, más onda Red Hot Chilli Peppers, nos juntamos a otra gente y… bueno, ya os imagináis. La noche terminó tarde y bien, de vuelta al hostal.

Brusko me pasa un brazo por el hombro y me dice “tio, tienes que venirte a una granja de permacultura a la que nos vamos mañana.” La verdad es que mis planes eran irme a hacer un trekking en ya no recuerdo qué montaña que termina en una cueva… “está en Pai”- continuó. Esas tres letras hicieron que de repente todo coincidiera en mi cabeza. “Vale”- respondí “me voy con vosotros.

La idea original era partir a las pocas horas, en un bus que salía sobre las 8am…aunque finalmente la cosa se retardó bastante. Unas 28 horas después, yo estaba esperando ese bus en la estación de Chiang Mai, cuando aparece carlos con otra chica rastafari y un negro, que resultó ser alemán. Menuda pandilla, me decía a mi mismo, dos rastafaris de Madrid y un negro de Berlín. Ver para creer.

La primera vez: comuna hippie con envoltorio de granja ecológica

Por el camino tuve la gran suerte de conocer mejor a Paloma, la rastafari madrileña que viajaba con Carlos, aunque “no tenemos nada eh, solo colegas” dejó bien claro él. Ella tiene los ojos del color más increíble que jamás haya visto. Según como le da el sol cambian de verdes a gris, a azul… no se, nunca podría describirlo.  Ojos del color de la sonrisa. Es en lo primero que me fijo, pero pasan años hasta que un día se lo digo.

Llegamos a la supuesta parada de la granja, que se llama Tacomepai. Allí no hay nada más que una pequeña pista que se adentra valle abajo. Llegamos a la entrada, y allí todo parece desierto. Aparecen un par de Tais que no se aclaran mucho con el inglés. Nos enseñan un par de casetas donde dormir bastante rudimentarias. Tras un rato, uno de los Tais aparece con otro asiático, que yo pensaba era otro Tai. Éste nuevo tipo, habla un poco más de inglés. Nos explica mejor la idiosincrasia de la granja, dónde esta cada cosa, cómo se organizan, etc. Luego de un rato le pregunto cómo se les ocurrió montar esto. “No lo se”. responde ” yo he llegado hace un mes, estoy de viaje”. Mansako, en japonés más cachondo que nunca ha conocido. Nos instalamos en unas habitaciones en la parte superior de una especie de casa-tunel.

Esta primera vez en Pai, fue una especie de liberación. Apenas conocí el pueblo. Solo disfruté de unos días de vida comunitaria, con una gente estupenda de todas las partes del globo. Además de los ya mencionados Carlos Brusko, Paloma y Mansako, estaban Jake, Sandy… y un largo etc.

Parte de la tropa, de chill out por la tarde 

En esta granja los días eran tranquilos y las noches eran una gozada. Fueguín, cocina colectiva, canciones a la guitarra. Siempre marco ese momento como el fin de la etapa descendente y el principio de la curva ascendente en mi vida. No más hablar de tristezas y pasados: a partir de ahí todo fue abrir los brazos y el corazón al futuro.

Fueron unos días de conocer a gente que se han convertido en amigos y compañeros de ruta por el resto de mi vida. Pero como todo lo bueno es breve, al cabo de unos días me tuve que ir, ya que tenía billete para Indonesia. Había algo dentro de mí que me decía “por qué no te quedas”, pero había algo más profundo todavía que me empujaba a irme. Creo que en Pai, volví a escuchar a mi corazón con más fuerza que a mi cabeza. En Indonesia, pocos días después, conocía a la que hoy en día es el Amor de mi vida y madre de nuestra hija.

de izquerda a derecha: Mansako, Sam, Carlos, Jake, Paloma, el negro berlinés y otra chica que no recuerdo su nombre…

La segunda vez: nidito de amor en pareja

Tras ese primer encuentro con Pai, viajar por Indonesia y Australia, conocer a Yao Hua y vivir mil aventurillas, estaba de vuelta en Bangkok, donde todo había empezado. El motivo: darle forma a un proyecto audiovisual que había compartido con Carlos (que todo hay que decirlo: es editor audiovisual) y que pretendíamos reodar en Bangkok. Él aportó dos posibles incorporaciones: Toshiro y Lek. Él japones pero residente en USA, cámara de cine profesional, ella Tailandesa, con un negocio de fotografías y postales en… Pai!

Por supuesto, la actriz-bailarina del proyecto era Yao Hua, que tras nuestro idílio en Bali, se había pillado un vuelo a Bangkok para seguir los dos juntos con la aventura. Lo importante de este momento no fue rodar, que estuvo genial, sino la gente que nos conocimos. Hoy en día, Toshiro y Lek son una pareja de grandes amigos que, como Yao Hua y yo, formaron familia y tienen una  hija: Aika, un añito más pequeña que Padma.

Tras devenires del destino, años después Yao Hua y yo andábamos buscando un lugar donde pasar un tiempo en tranquilidad, para conocernos mejor y decidir si dar el siguiente paso en nuestra relación. Como seguíamos en contacto con Toshiro y Lek… y yo le había hablado maravillas de Pai, pensamos que era buena idea ir los dos juntos. Ella, que tiene una mágia especial para encontrar cosas super majas por internet, encontró una casita frente a un lago con vistas al valle. Un lujo que nos costó 250€ por mes.

Nuestra casita del lago

Las vistas al atardecer desde la casita

En esta ocasión, nos dió tiempo de conocer Pai y sus alrededores. Pai es un pueblo con un centro mepqueño pero muy activo, lleno de pequeños rincones por descubrir. Un mercado se abre cada atardecer hasta medianoche por todo el centro del pueblo, Allí se puede encontrar todo tipo de ropa, comida y utensilios varios para la gente de vida “alternativa”. Cada tarde hay también un mercado de alimentos frescos que es una maravilla.

Espectáculo de fuego en el mercadillo nocturno

En sus alrededores se levantan numerosas cascadas, un par de lagos, aguas termales y bosques, muchos bosques. Pai es, por ello, no solo un pueblo, sino un territorio que lo emvuelve que es realmente fascinante.

Pescador al amanecer en un lago a 10 minutos de Pai

Kung fu Panda en una cascada a 15 minutos de Pai

Es cierto que Pai está cambiando mucho. Desde hace unas temporadas se puso de moda entre el turismo tai, debido a que se rodó allí una serie de películas para TV de rollito romanticón. Eso atrajo a tais de la ciudad, principalmente Bangkok, que religiosamente vienen a Pai a sentir el frescor de la montaña y hacerse fotos en todas las esquinitas míticas donde se rodó la película. A mi personalmente no me molestan lo más mínimo. Suelen ser gente muy educada y agradable, que lo más que te pueden hacer es querer tomarse una foto contigo.

Por el contrario, durante un tiempito también se puso medio de moda entre mochileros fiesteros que confunden libertad con libertinaje. Algo parecido a lo que ha estado pasando con el tubbing en Vang Vieng (Laos). Este tipo de mochilero internacional que va a los sitios atraido por correrse fiestas y drogarse en el quinto pino sin ningún respeto por la naturaleza y la cultura local, la verdad es que me ponen muy de mala leche. Afortunadamente, tengo entendido que los vecinos se organizaron tiempo atrás para contener esa tendencia y he de decir que apenas se nota su impronta ya. Pai es, sobre todo, un lugar donde gente de todo el mundo convive de manera armoniosa con la gente local. Un pueblo lleno de músicos y artistas, de yoguis y new agers, de tais y falang. Un lugar donde vivir una vida sencilla por un precio muy asequible.

Molino de agua sobre el río Pai, a escasos metros del centro del pueblo.

Definitivamente, esta segunda vez nos enamoró a los dos del pueblo. Además, coincidió con una época muy interesante, donde pudimos celebrar varias fiestas tradicionales, incluída la voladura de farolillos tailandeses y enviar tus buenos deseos a través de un barquito de bambú que tu mismo adornas con flores y dejas que el río se lo lleve. Además, pudimos disfrutar de la hospitalidad de nuestra amiga Lek, y su negocio Rhan Lek Lek conocer al genial artista alemán Ole Ukena y, todos juntos, rodar un pequeño video parodia de las pelis romanticonas tais con Pai de escenario. Pura diversión.

Love Season, el cortometraje humorístico que grabamos todos juntos en Rhan Lek Lek

La tercera vez: viaje en familia

Tras esas dos primeras geniales experiencias, una vez que nació nuestra hija Padma y decidimos ir de viaje por Tailandia, había un único lugar que estaba seguro en la ruta: Pai. Debido a las inundaciones terribles de 2011, tuvimos que posponer el viaje y, lo que en principio iban a ser dos meses de relax en Pai, se convirtieron en cosa de 3 semanas. Lo mínimo necesario para poder disfrutar de Lek y la pequeña Aika (que ya bailaba la lambada en su barriga) y pasar las navidades y fin de año con parte de la familia global que cada fin de año se reune allí.

Celebrando en último atardecer del 2011

Con la tía Lek

En Pai, esta tercera vez fuimos invitados por Lek, nos quedamos a dormir en su bungalow en la parte trasera de su tienda-restaurante-cafetería-centro creativo. Estar entre esos jardines, rodeado de gente tan maja, hizo que Padma la gozase como una reina en su cesta.

Bañito en el jardín mientras Lek mira si va a llover y Aika golpea su barriga porque quiere salir a jugar con su prima Padma.

Padma aprendió a decir hola con la mano mientras paseábamos por Pai

También aprendió a dar sus primeros pasitos ayudada por este regalito de su tía Lek

…y por supuesto se vino de paseo a conocer los bonitos alrededores de Pai

y disfrutó de la naturaleza como una enana que és, viendo de cerca a muchos animales por primera vez

Pero por encima de todo, Padma se puso guapísima en Pai…

Hace poco me preguntaron por qué no nos quedábamos a vivir allí. Yo mismo me lo he preguntado a menudo. La respuesta puede sonar algo simple, pero no lo es: Pai está muy lejos del mar. Padma nació en el agua, en una centro médico de parto natural a poco más de 5 kilómetros del mar. Desde antes de que naciera, su madre y yo nos conocimos en la playa y siempre hemos tenido una vinculación muy fuerte con el océano. Vivir lejos de él nos cuesta mucho. Siempre hemos dicho que si Pai estuviese algo más cerca del mar, sería nuestro lugar perfecto… pero lo cierto es que llegar a un bonito lugar de costa desde Pai, se tarda al menos 36 horas si vas tu solo y no te importa comerte horas de viaje sin parar. En familia, con una niña pequeña, se tardan de 2 a 3 días.

La principal experiencia que le queríamos facilitar a nuestra hija es que, desde muy pequeña estuviese rodeada de naturaleza y un lugar donde gentes de todas partes del mundo, de todas las culturas y todos los colores de piel, conviven en paz y comparten la belleza natural de vivir una vida sencilla. Pai es el lugar perfecto para eso.

Quizás si tuviera una playa al lado, se masificaría tanto que dejaría de ser el Pai que todos adoramos. No lo se. Por lo de ahora, ese amor por el planeta y su diversidad que queremos florezca en nuestra hija, nos ha llevado a una vida seminómada, en la que cada ciertos meses nos desplazamos para que ella pueda experimentar diferentes culturas, diferentes paisajes, diferentes realidades. Sin embargo, si tuviera que forzosamente establecerme en un lugar, uno de las principales opciones que barajaría sería esta pequeña gran maravilla de la humanidad, en un valle tailandés escondido entre Birmania, China y Laos.

Ya seas un mochilero independiente, una pareja buscando un lugar romántico donde seguir floreciendo vuestro amor, o una joven familia que quiere disfrutar de sus hijos en un entorno natural y una vida sencilla. Pai es el lugar.

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7 comentarios en “Todo sobre mi Pai

  1. Hola Guillermo! Soy Ana, y junto a mi compañero y mi hija de 5 años estamos viajando por el sudeste asiático desde el mes de septiembre. Creo que hoy hace 3 meses que salimos de España. La idea es movernos durante los próximos , no sé, 20 meses. hemos estado dos mesecicos en Tailandia. Básicamente en la costa de Andamán. Franki y yo, mi compañero habíamos estado hacía como 6 o7 años. Entonces viajamos por el norte de Tailandia, un poquito de Laos y un poquito de Birmania. Ahora estamos en Malasia, con un visado de tres meses. Tenemos ganas de instalarnos por un periodo largo. Lo máximo fueron 20 días en Kho Lipe. ¿Nos recomendais algo? Un montón de gracias. me ha encantado descubriros!

    1. Hola Ana! Qué bueno saber que hay otras familias en ruta!
      Mira, sobre qué pueblo recomiendo, sin duda es Pai… a menos que tengais en mente un lugar de playa, en cuyo caso os recomendaría algunos sitios de indonesia, inclusive algunos rinconcitos de Bali que aún no están excesivamente explotados.
      Por cierto! si encontrasteis en kho lipe una casita o un sitio majo donde estar, también nos puedes pasar la info!
      Escríbeme a través del formulario de contacto en la sección “sobre el autor” y nos intercambiamos ideas, consejos…
      Un abrazo
      Guille

      1. Hola Guillermo! Te escribo desde aqui con la duda de si te llegar este correo y si lo estar haciendo bien. No soy demasiado buena, yo dira que soy bastante mala informtica. Me estoy iniciando,ja,ja,ja! Pai lo conocimos la primera vez que viajamos Franki y yo solos. Desde alli hicimos unos das de raftin, treking por la selva y que s yo, mil cosas que ahora ya no nos apetece. Ahora vamos de tranqui. Disfrutando del paisaje y del paisanaje. Hasta ahora movindonos solo por la costa. Ahora estamos en Kuching, en Borneo. No sabemos si tiraremos para Filipinas en un mes o dos, que es lo que nos queda de visado. Hace poquito ha habido un huracn, la gente, no toda, habla de inseguridad. No s. Tu conoces Filipinas? Son una pasada de islas! En Kho Lipe hemos estado de lujo. Para ir con nios me parece genial. Hay cantidad de familias. El mar es muy chulo. Nosotros nos instalamos en uno de los bungalows de un resort muy sencillico que se llama Seaside. Es de una familia de Chao Lek, los gitanos de all de la isla. El chico que lo lleva es super gracioso. Muy buena gente. Pagbamos 300 bath. Bueno familia en ruta. Mucha suerte andeis por donde andeis. Seguimos en contacto. Muchas gracias por la recomendacin. Ahora Pai est en nuestra ruta. Un abrazo.

        Date: Fri, 14 Dec 2012 21:44:55 +0000 To: finicaluna@hotmail.com

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