Surf and ride Taiwan

La idea era tan sencilla como original: hacerse una ruta de varios días en bici con la tabla de bodyboard y una tienda de campaña. Destino: la costa este de Taiwan.

Tras varias semanas entrenándome para desoxidar los músculos un poco y preparando la bici para una travesía de estas características, el 20 de septiembre estaba en la estación de trenes, listo para partir.

La ruta inicial era de Hualien a Jialeshuei en 10 días en los que compaginaría bici y surf a partes iguales, con una paradita de un par de días en Doulan y Taitung para conocer la zona más en profundidad. Lamentablemente, como explicaré más tarde, la ruta tuvo que reducirse en algunos días, terminando finalmente en Taitung. Pero no adelantemos acontecimientos y empecemos, día por día.

Dia 1: Hualien – Huting (30 km.)  Surf: Huting

Tras un día de viaje desde Chiayi hasta Hualien en un tren express que me costó unos 30€ por llevarme con la bici durante 6 horas alrededor de la isla, amanecí en un hostal cutre cerca de la estación. La noche anterior me había dado un homenaje de despedida de las comodidades: me fuí a comer una tremenda hamburguesa en el mejor restaurante de comida yankie que conozco en Taiwan: Country Mother´s. La verdad es que me desperté con el estomago algo inflado y sensación de pesadez, pero no había vuelta de hoja: hoy tocaba bocata de bici y carretera.

Salir de Hualien en bici es una gozada, tan solo tienes que ir hacia la costa y allí enganchar con un bonito paseo que han habilitado sólo para caminantes y ciclistas. Con vistas a la playa y al río, salí de la ciudad con muchas ganas de aventura.

Carril bici a la altura del río. Del otro lado, empezaba la verdadera ruta de la costa.

El primer tramo de la ruta es bastante sencillo: todo tramos llanos por carretera nacional con carril para bicis y una sucesión de pequeñas calas de arena gris entre formaciones rocosas. Aquí y allá se ven hostales, restaurantes y demás parafernalia para el turista local.

Momento kitsch mientras oteaba una olita que parecía levantarse en la costa

Tras unos 10 km llanos, llegaba la primera subida. Tenía dos opciones: o bien ir por el nuevo tunel que han construido o seguir la ruta de la vieja carretera, que serpentea junto a la costa por los acantilados. Según había leído, esa ruta estaba cerrada al tráfico, y solo senderistas y ciclistas la tomaba. Pronto comprendí por qué.

Destrozos provocados por el último tifón en el tramo de carretera abandonada que tomé.

Este tramo la verdad es que es duro pero merece la pena, tienes unas vistas realmente bonitas de la costa. Además, yo no me podía resistir a la tentación de intentar identificar algún secret spot donde ir a surfear. En la foto superior se ven algunas espumas en triángulo, señal de que por ahí alguna ola decente podía haber…en caso de que hubiese algo más de mar.

Tras este tramo rompepiernas, potencialmente en más de un sentido, terminé en un pequeño pueblo a orillas del oceano de nuevo. Para mi sorpresa, ahí estaba una imponente subida de la cual no tenía recuerdo. Claro, la última vez que había hecho esa ruta era en coche. Lo que yo recordaba como una única subida, se convirtió en dos: la primera me la acababa de hacer por la parte dificil y ante mí se levantaba la segunda.

Tras una pequeña parada para aprovisionarme de bebidas isotónicas, emprendí el ascenso. Menuda paliza de ascenso, parecía no terminar nunca! Exactamente 9 km. de subida con considerable desnivel hicieron que casi echara los higados. En un pequeño rellano, paré para beber y recuperar el aliento y entonces lo ví: era el acceso a la playa de Huting, donde había un lugar levantado por un indígena Ami local, artísta tallador de madera. La última vez, con la familia, nos había gustado mucho.

Pero claro, ir por allí implicaba volver a bajar todo lo subido, para luego tener que subirlo de nuevo. Pensé en pasar la noche allí y comerme la subida de nuevo a la mañana siguiente, con más energías. El lugar merece la pena, además se puede acampar por 200NTS, unos 5 €. El truco del almendruco: llevaros toda la comida y bebida, porque allí un plato de arroz con curri te lo cobran a precio de ración de jamón de bellota. Yo, que no tenía ni idea, me gasté 5€ en dormir y …20€ en cenar, beber y desayunar! En fin, que pese a todo el lugar mereció la pena.

Me pasé el resto del día surfeando una orillera de medio metrito y tirado a la sombra recuperando fuerzas. Aunque el atardecer no destaca mucho, por la noche se pueden ver todas las estrellas del mundo…y el amanecer es espectacular.

Serie de tallas de madera al caer la noche.

Campanada al amanecer

Mujer de madera y yeso se despereza con los primeros rayos de sol

La playa de Huting al amanecer. El mar había ya bajado bastante con respecto a la tarde anterior, por lo que no lo pensé dos veces: volver al campamento, recoger la tienda y seguir ruta.

De camino al campamento me detuve en un campo lleno de flores, había una luz perfecta.

Una fotito al campamento antes de desmontarlo y seguir ruta.

Dia 2: Huting – Bashiendong (64km.) Surf: Fongbing y Bashiengdon

Tras empacar de nuevo y tomarme mi leche de arroz integral con 5 galletitas (por no gastar más tontamente en ese lugar tan bonito de estar pero tan caro de comer), me armé de valor y me dispuse a subir de nuevo esa paliza de cuesta arriba. Esta vez, a través de la pista que conecta la playa con la carretera nacional. Lo que el día anterior habían sido unos 9km, se reducía a unos escasos 5, con la consecuente alza en el desnivel de la pendiente.

Primera parada para recuperar el aliento, al fondo se puede ver el saliente rocoso y la playa de Huting.

La peor parte fué comprobar que una vez enlazado de nuevo con la carretera nacional, aún le quedaban unos buenos kilómetros más de subida.

Desde lo alto del puerto, se puede ver el otro lado del valle, con unas montañas nubladas al puro estilo de la Tierra Media.

Tras un par de curvas, ya en descenso, se puede ver también el otro lado de la costa, una vez superada la montaña.

Al llegar al nivel del mar de nuevo, ya recuperado de la subida gracias a una preciosa bajada llena de paradas para hacer fotos, me puse el turbo para intentar avanzar lo máximo posible antes de que el sol empezara a quemar de verdad. Eran cosa de las 9.30 y la temperatura ya debía estar sobre los 30 grados.

Una hora más tarde, llegué a un pueblo del que no supe ni su nombre. A lo lejos vi algo así como una visión del paraiso: un cartel de 7eleven. Parada perfecta y estratégica: bebidas frías y aire acondicionado para recuperarme… e internet! Saqué de ipad y me conecté mientras tomaba un cafecito y un pastel (mi segundo desayuno). Para mi sorpresa, estaba en Fongbing, donde se supone que hay una buena ola. No lo pensé ni medio segundo: terminé el café a toda prisa y me puse de camino a donde supuestamente tenía que estar rompiendo la ola.

Nada mejor que una refrescante sesión de olas para combatir las horas centrales del día. Esta foto recoge a la perfección el espíritu del viaje.

Realmente Fongbin son como dos picos que, cada media horita mandan una serie fantasma que suma la fuerza de ambos en una ola mucho más grande y potente. Pocos surferos y gente muy maja. Uno de los baños de los que salí más contento, sobre todo de algunas de las series fantasma donde incluso me dió tiempo a hacerme mis tubitos.

A cosa de las 12.30 salí del agua, busqué algo de sombra y me tomé una siestita que supo a gloria. A eso de la una ya había empacado de nuevo y estaba listo para seguir ruta. Momento perfecto, ya que media hora después, unas nubes que venían de las montañas, tapaban el sol, por lo que la temperatura se hizo mucho más agradable.

Un par de horas después, llegaba al trópico de Cancer. Hay varias señales que van indicando los km. que faltan y un monolito que indica el lugar exacto por el que pasa. Ni se me ocurrió parar, ya que la última vez, con la family, paramos y era una horda de buses llenos de turistas. Decidí por el contrario buscarme la vidilla para llegar hasta la playa que se abre a ambos lados de un islote que, a su vez, distribuye la desembocadura de un río hacia los dos lados.

Uno de los lados de la isla por el que tiene el río su salida al océano. De lejos se puede ver el blanco monolito que indica la línea del trópico.

Tras un largo pero muy interesante día, llegué a Bashiengdon, donde además de un pico surfeable hay un sitio arqueológico con varias cuevas donde habitan desde tiempos inmemoriables monjes budistas. Dormir a las faldas de estas cuevas era una idea perfecta… y lo conseguí. Tras dar un par de vueltas por el lugar intentando encontrar un lugar donde plantar la tienda, fui a dar con un restaurante marisquería que está justo enfrente al pico surfero.

Una chica de unos 30 años me vió y me dijo, “entra, entra, aquí hay buen surf”. Me acerqué y le expliqué que estaba buscando donde plantar la tienda e irme a surfear hasta el anochecer. “De dónde eres?” me dijo. Tras responderle, la tía estaba super contenta. Resulta que se había pasado 1 mes de viaje por España este verano y le había encantado. No parada de citarme todas las cosas que había visto y hecho. Entró corriendo a buscar al dueño del restaurante y le explicó el tema. El tío, también joven, me invitó a dormir allí mismo, en la terraza del restaurante. Hasta me pusieron unas alfombras en el suelo de la terraza para que fuera más mullidito.

Tras la charlita y agradecimientos pertinentes, planté la tienda y me fuí a surfear antes de que anocheciera. La ola promete mucho, pero en marea baja y con poco mar es un lugar algo peligroso. Hay muchas piedras que sobresalen fuera del agua, por lo que es algo así como practicar surf-slalon. Seguramente con otra marea y, sobre todo, más mar de fondo, la ola rompa lo suficientemente lejos como para no tener tanto riesgo de darte un piñazo.

Para culminar un día perfecto, me hice otros 6km en bici para ir a cenar a un lugar de tallarines, el único en la zona donde a esas horas servían algo de comer.

Plataco de sopa de tallarines con todo tipo de carnes y pescados flotando.

Me fuí a la cama con una sonrisa de oreja a oreja: paisajes preciosos, gente encantadora y dos sesiones de surf en el mismo día.

Día 3: Bashiendong – Donghe (55km). Surf: Donghe rivermouth.

Tras dormir como una piedra, me volví a levantar antes que el sol, con las primeras luces del alba. La visión de estar en esa playa, con esas montañas y cuevas budistas detrás, y estas vistas del sol naciente… me transportaron  un lugar muy cercano al nirvana.

Las primeras luces del alba

Ola rompiendo a la salida del sol

Lo cierto es que tenía esperanzas en poder repetir el doblete del día anterior, pero esta vez con todo muy planificado. Mi intención era llegar a Cheng Gong a mediodía, justo para resfrecar los sudores de la marcha con un bañito en una de las olas que mejor ponen en todas partes. Sin embargo, mi gozo en un pozo. Esa ola necesita demasiado mar de fondo, y estos días el mar estaba bajo mínimos.

Bahía donde debería estar rompiendo la ola con la que había pensado pasar la tarde. Lamentablemente, como podeis ver, el tamaño era ínfimo.

“No pasa nada, para la próxima vez”, me dije. Seguí ruta y substituí bañito surfero por aire acondicionado y 7-eleven. Mientras me comía un perrito caliente y miraba internet, me enteré de la segunda mala noticia del día: había pronóstico de Tifón para 3 días después. Tragué saliba y crucé los dedos, muchas veces los tifones pasan de largo. El problema en sí no es el día que llegan, que te los pasas en casita a resguardo, sino los días anteriores, donde suele arreciar el viento y llegar frentes nubosos cargados de lluvia. Cerré el ipad y me puse de nuevo en camino.

Recordaba de algunas playas al norte de Donghe donde un año atrás, Yao Hua había surfeado una pequeña pero bonita ola. No recordaba exactamente dónde, por lo que me pase la ruta de Cheng Gong a Donghe en inumerables paradas, descensos a playas… e incluso rodadas por la arena mojada. Un par de veces creí dar con una buena ola, pero no tenían tamaño suficiente.

Paradita en una de esas playas en las que creí que si, pero no…

Después de mucha vuelta y reviravuelta, terminé en la boca del río Donghe, donde ya fuí a tiro fijo a surfear un largo rato hasta casi el anochecer.

Donghe rivermuth es uno de los picos más conocidos de la zona, y por lo tanto uno de los que más gente recibe cada día.

Una gran alegría en todos los sentidos: es la primera vez en mi vida que la surfera que más controla de todos los que estábamos en el agua, era una mujer. Brava!

Hice noche en un B&B, compartiendo habitación con Chien, un copiloto de avión militar (vamos, que el tío era un soldado), con tatuajes por todo el cuerpo con motivos cristianos: la última cena, la vírgen María, etc… Quise hacerle una foto de los tatuajes pero me dijo que “la próxima vez”…

Día 4: Donghe – Doulan (18km.). Surf: Donghe  rivermouth 

En fin, que como estaba a la espera de ver cómo evolucionaba el tema del tifón, y por Donghe había buenas olas y ambientillo, decidí no irme muy lejos. Alquilé una casita por Doulan, a excasos 10km de Donghe, pueblo de hippies y artistas. La casita en sí era muy pequeña y simple, pero tenía un toque bohemio y unas vistas al océano que vaya vaya… Además, estar tan cerca de Donghe me permitiría ir a darme algún baño por allí y volver.

Con Mien, a punto de salir a pillar olas. Con camiseta sí me dejó hacerle una foto… pero aún se le pueden ver por la manga varios tatuajes…

Donghe es un pueblillo volcado al mar, pero a las faldas de impresionantes montañas. En él, la mitad de la gente es pescadora y la otra mitad (sobre todo los jóvenes) son surferos.

Las condiciones seguían estando muy parecidas: medio metro (como en la foto) con series cada 30 minutos algo más grandes, de casi 1 metro.

Tras una buena sesión matutina, cerca del mediodía se nubló y la marea ya estaba demasiado alta, así que me fuí para Doulan. El dueño de la casa donde estaba, intentó explicarme en un inglés muy limitado que la playa enfrete a la casa no iba nunca nadie, vamos, que era bastante desconocida. “Only wavemen coming”, dijo. Me dejó intrigado, le pregunté si se refería a pescadores o surferos… “yes, yes, surfers…” me dijo. Me hizo entender que era “very dangerous” ola que solo la surfeaban surferos experimentados. Le di la razón con la cabeza y, en cuanto se fué lo primero que hice fue ir a ver ese “Secret spot” con el que acabada de dar por casualidad. Había mucho viento y amenazaba lluvia, así que lo dejé pasar… por ese día. Sin embargo, el lugar apuntaba maneras.

Día 5: Doulan (10 km para ir al super y volver). Surf: secret spot.

Este día era mi cumpleaños y tenía pensado pasarlo en una especie de retiro espiritual en esa casita, paseando por la playa, contemplando las vistas, escribiendo y, si surgía, dandome un bañito en ese pico secreto.

El amanecer de mis 37 años.

EL día amaneció inmejorable, algunas nubecillas en el horizonte pero cielos prácticamente despejados. Empezé el día de mi cumpleaños con un paseíto por la playa al amancer. Luego, un pequeño desayuno y una subida a la “torreta” de la casa a sentarme y escribir mis pensamientos.

Mi estudio con vistas al mar

Tras varias horas en la torreta, con mi ipad y mi tecladito haciendo un ejercicio de escritura automática, empecé a ver llegar series de olas con más regularidad a la playa. Parecía que ciertamente, este secret era de marea alta, justo al contrario que Donghe.

A cosa de las 2 de la tarde con la marea alta, empezaron a caer unas buenas series en la playa.

No me lo pensé dos veces. Guarde las cosas en casa, pillé el body y me fuí a la playa. Con diferencia fué el baño más grande del viaje: metro pasado con alguna serie de metro y medio largo que casi me pilla desprevenido. Además, yo solo en el agua y unas buenas corrientes que me sacaban del pico sin parar. Un perfecto regalo de cumpleaños de Neptuno que duró lo que tenía que durar. Al cabo de hora y media, empezaron a llegar las nubes ,como cada tarde. Esta vez si cabe con más virulencia. En cosa de 20 minutos la cosa se convirtió en Mordor lluvioso. Salí del agua y fuí a toda prisa para casa.

Aún no había ido al pueblo, y necesitaba comida tanto para la comida (que me había saltado por ir a surfear) y la cena. Al fin y al cabo, era mi cumple! Al resguardo de casita, esperé un rato a ver si escampaba, pero nada de nada. Seguía lloviendo a cántaros. “Bueno,” pensé, “con mis 18 me subí el Cebreiro, a mis 37 tendré que darme un buen paseo en bici bajo la lluvia torrencial”. Me parapeté con mi chubasquero y allá me fuí, al supermercado que estaba a cosa de 5km largos de casa. Aproveché para mirar internet un poco y ver cómo estaba el mundo el día de mi cumpleaños.

Había otro Neptuno, en este caso una plaza de Madrid que iba a ser protagonista en 24 horas de otro momento trascendental: una manifestación para intentar derrocar al gobierno de España, que está haciendo todo lo que dijo que no iba a hacer cuando pidió nuestro voto. Deseé que ese otro neptuno no mandara esa tormenta que me había encontrado yo, ni que las corrientes arrastrasen demasiado a los manifestantes. Creo que finalmente no fue así, y que las mareas humanas del pueblo se encontraron con diques y algún desalmado al que le ponen un casco y se creen que es la final de la superbowl (y todo el mundo es del equipo contrario).

En medio de esos pensamientos estaba, cuando se me ocurrió mirar cómo estaba el tema del tifón… y parecía que definitivamente iba a pasar lo suficientemente cerca como para convertir mi bici con el bodyboard pegado en la parte trasera en un auténtico ultrajigero y pasar de surfear a volar por los aires. Bueno, nu era ninguna sorpresa con la que estaba cayendo del otro lado del cristal. Pillé la bici y volví a mi casita de la playa. Terminé el día viendome las tres pelis de la guerra de las galáxias y comiendo “instant noodle” del 7-eleven. Un final de cumpleaños que puede sonar deprimente, pero que lo cierto es que me lo pasé teta con ese “día para mi”.

 

Día 6: Doulan – Taitung …y vuelta al hogar

Por la mañana como siempre muy tempranito, empaqué todo y salí en dirección al muelle de donde salen los barcos para Green Island; que era el destino que me tocaría ese día, si siguese el plan original sin tifón. Para mi sorpresa, seguía habiendo ferries a la isla. Estaba a punto de comprar un billete cuando le dije si me vendía el de vuelta para el día siguiente. “No sir, tomorrow and past tomorrow we have no service due to adverse weather conditions”. Vamos, que si quería podía ir y volver a Green Island en el día, pero que nada de quedarme a dormir. Por supuesto pasé de todo y seguí camino hacia Taitung.

De camino a taitung, paré en un mirador a tirar una foto del ferry partiendo hacia la isla verde sin mi. Lo cierto es que, aunque hacía más viento y había más olas, volvía hacía un sol radiante…ni rastro de las gordas nubes de la tarde-noche anterior.

Una vez en Taitung, me fui directo a la estación a buscar la conexión de trenes que me llevase a mi y a la bici de vuelta a casa; 7 horas en total, teniendo que hacer trasbordo en Kaohsiung…

Tras un par de horas de tren, justo antes de meternos hacia las montañas por un tunel, tomé esta foto en la que ya se puede ver venir las condiciones meteorologías del tifón: mar picado, fuerte viento y nubes negras cargadas de agua.

Ya de vuelta a casa, Padma me vino a recibir al garage. Tras los abracitos y cariños iniciales, Yao Hua nos tomó esta foto, en la que Padma me mira como diciendo “hay que estar mal de la cabeza, papá”.

En 1993 me decidí a hacer el camino de Santiago con mi amigo Manyo. Empezamos en Logroño y, tras unos 600km, ya pasadas las etapas de la Cruz de Hierro y Cebreiro (de montaña) y quedando unos 80 y pico km hasta Santiago, celebramos nuestra “casi llegada” con un festín de dulces y chorradas. Unos dalkys caducados nos jugaron una mala pasada. Manyo se pasó la noche con diarrea, yo con vómitos. Si los vómitos ya eran de por sí molestos… imaginaros ir a vomitar a un water en el que minutos antes tu colega acaba de… vamos, ya me entendeis.

Por aquel entonces pensé que la culpa había sido por celebrar algo antes de que pasase. Tras esta segundo cambio de planes, creo que el mensaje no es un “castigo” por anticiparme a nada, sino una lección muy clara de que hay que saber navegar sin perder el rumbo, pero entender la señales que te indican el camino a tomar. Como diría el maestro Lennon:

“La vida es lo que te pasa mientras tu estás ocupado planeando otra cosa”.

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8 comentarios en “Surf and ride Taiwan

    1. Gracias Paco! He visitado tu blog también, por lo que puedo decir que viniendo de ti, es doblemente satisfactorio que te guste mi blog.

      Un abrazo

  1. qué buenos recuerdos. Yo también hice unas cuantas rutas en bici por la la costa este (de Taitung a Sanxiantai,, bajar desde Hualien a Taitung o llegar más al sur hasta Dawu). La verdad es que taiwan es una gozada si te gusta la bici. Lo único malo que el tramo del sur de Taitung no hay “carril moto” y hay que ir un poco con cuidado.
    Enhorabuena por el artículo y la experiencia

  2. LLevo alrededor de dos horas leyendo todos y cada uno de tus posts, empezando por el cara y cruz de la idílica Bali, con las crudas y sinceras palabras que le dedicaste.
    Me ha llevado a seguir tu aventura que es la vida, hasta tu nuevo hogar, Taiwan.
    Estoy buscando ése lugar donde poder perderte, donde poder recorrer bellos senderos, y que solo el sol marque el lapso del tiempo.

    Me gustaría saber desde tu punto de vista real, cual es actualmente la situacion, y que posibilidades ofrece esta preciosa isla.

    Gracias de antemano.

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