5 rinconcitos de Asia que enamoran y te enamoran

A punto de volver por esa mi tierra prometida, mi amante, mi madre, mi diosa, mi Asia, en compañía de las mujeres de mi vida; me he parado a pensar en cómo primero me enamoró y luego me enamoré.

No será más que eso, un viaje fugaz con 5 escalas en las estaciones de los sentimientos; para rescatar, cuan fotogramas subliminales de mi vida, los lugares y los momentos que marcaron mi camino hacia el Amor…o quizás la revelación de que el Amor era el camino.

I. El preludio

Un joven y anónimo sabio me dijo una vez, sentado en las húmedas escaleras que separan Quintana de Vivos de Quintana de Mortos, “you attract what you are”. No se si el hecho de tener mis posaderas en ese limbo pétreo, o la sed de alguna señal que me enseñara el camino a tomar; esas palabras entraron en mi interior y resonaban cuan eco, cada vez que tropezaba con algo.  Y la verdad es que llevaba una temporadita atrayendo cosas que no me gustaban nada… lo que me hizo pensar que quizá lo que llevaba en mi cabeza estaba alejando de mi lo que sentía en mi corazón.

Con esas diatribas, y las fachas que gastaba, reflejo de mi estado anímico, no había manera de que algo bueno me pasase en la vida; así que decidí dejarlo todo, meter unas cuantas cosas en una mochila y declararla  mi único bien patrimonial. Luego, de manera consciente, iba dejando un rastro de cosas a lo largo del camino, como un recordatorio en mensaje cifrado de que allí, algo bueno me empezaba a suceder… por lo que tenía el beneplácito de mi espíritu para liberar lastre y salir algo más a flote.

Ese reguero de pertenencias, que si una camisa, que si unos calzones, que si un zapato en el hemisferio sur y otro en el norte…comenzó al poco de aterrizar en Bangkok y ya no cesó. Nunca tantas sonrisas se vieron en una ciudad tan grande y caótica-mente perfecta. Y para más alegría, continuaron incansables a lo largo de mi primer tiempo con Tailandia, con el catártico colofón de Pai.

II. La sincronía

Y llegué a Bali. He escrito un poquito aquí y un muchito allá sobre esa experiencia que cambió mi vida. Para poder coincidir con la mujer de mi vida, el destino me mantuvo entretenido una semana en Ubud y luego varios días en compañía de un surfero italo-israelita super plasta. Luego, como un ligero susurro, me llevó por el mar hasta la playa de Balangán. E incluso allí, me mantuvo entretenido en el agua durante varias horas, hasta que la ceremonia hindu-balinesa terminara y una pequeña princesa asiática se acercase a la orilla a curiosear entre las pozas de la marea baja.

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Fue entonces cuando la sincronía se dio. Dos personas de tan lejanos orígenes, encontrándose en un lugar tan distante y a la vez tan familiar. Desde luego, en Bali hay historias de amor todos los días …y también historias de desamor. Es una isla donde la emoción se desborda… todo depende de las emociones que en ese momento llevéis dentro.

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III. El descubrimiento

Lombok y las Gilis son el lugar perfecto para sentir ese empuje aventurero y explorador que se magnifica al lado de esa persona especial. Son la suma de paisaje espectacular y persona especial lo que hace que tus sentimientos se multipliquen de manera exponencial. Sientes que el descubrimiento va por dentro y por fuera; de la persona que está a tu lado a tu corazón, pasando por el paisaje que te envuelve.  Nosotros recorrimos el sur de Lombok en un abrazo, y la isla Gili Trawangan en un beso.

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IV. La apoteosis

Y siempre es necesaria una breve pausa para digerir todo lo que te está sucediendo. Yo me la di durante 4 semanas por Australia, para llegar de vuelta a Bangkok justo un día antes que mi amada, para poder ir a recibirla como se merecía.  Este segundo tiempo en Tailandia fue como un experimento a gran escala. Una prueba de lo que podría ser el resto de nuestras vidas de seguir juntos. Como diría cualquier programa cateto de la tele, “prueba superada”. Emprendimos un viaje, con sus altos y sus bajos, por lugares hermosos y no tan hermosos, con gentes de lo más inspiradora…donde conocimos a amigos para toda la vida y paisajes que marcarían nuestra existencia para siempre. Y no solo eso, allí pusimos en marcha un proyecto personal y otro artístico. El personal, por supuesto fue formar familia, el profesional…también sigue su curso hoy en día.

V. La confirmación

Pero nada podía ser definitivo sin ir a conocer la tierra de los orígenes de mi amada. Ir a Taiwán fue romper con muchísimos tópicos y, sobre todo, conocer un poco de esa gran desconocida. Esa perla que se esconde dentro de una ostra.

Conocer a su familia, su hogar, su pueblo, su calle…sus histórias de infancia correteando por aquí, soñando por allá, confirmó lo que ya mi corazón me decía: no solo había encontrado a la persona, sino que ella me llevaría al lugar donde sentar cabeza y echar raíces.

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Conclusión

Cómo ponerle un final a algo que se antoja eterno; a algo que sigue su marcha y que supera cualquier obstáculo. Bueno, quizá no sea esa la misión de estas palabras. Quizás su sentido sea precisamente hablar de esos principios sin fin. Como dice Martín Gómez,  mi escritor maldito favorito, en una de esas novelas que aún no ha publicado:

Largo es el camino del peregrino en busca de la verdad,                                                                                pero eterno el camino que lo lleva de vuelta a su hogar.

Lo importante no es el lugar al que vas, sino la persona con la que emprendes ese viaje. Si la persona es la adecuada, sabréis navegar en las corrientes del destino y encontrar la ruta secreta a vuestra tierra prometida.

Sin embargo, he de conceder el beneficio de la duda a esto que acabo de decir, ya que ciertamente he estado en lugares que han abierto mi corazón de tal manera que despejaron de par en par los ojos de mi alma.  Creo que así es como fui capaz de reconocer al amor de mi vida en ese cachito de arena dorada.

Fuera de dudas, esa esquinita del mundo que le llaman sudeste asiático, es un lugar que me enamoró a primera vista… y luego me puso frente a mis ojos a la mujer que amo…. y eso ha contribuído a que este mundo fuera una siete mil millonésima parte más feliz.

Gracias Asia, nos vemos prontito.

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