Nacer en ruta

Hace escasos días, nuestra querida hija Padma cumplió dos años. Como no podía ser de otra manera, celebramos el aniversario  en otro de los lugares especiales para sus papis y que, de alguna manera, anticiparon el retorno de esta vieja alma a la dimensión espacio-tiempo a través de nuestro Amor.

El lugar elegido no fue otro que Bangkok, esa ciudad tan especial que nos llena la imaginación de recuerdos hermosos rodeados de tan buena gente. Como buen padre de familia, siempre intentando ahorrar aquí y allá, apuré hasta el máximo el límite de edad que permiten las aerolíneas para lo que consideran un “infant”, por lo que llegamos a Bangkok, directos de la playa, justo el día anterior a su cumple.

En el bungalow de Rawai, donde estábamos mientras hacía la reserva del avión, tomé consciencia de que ese era el último billete que iba a comprarle a mi bebé Padma,  ya que a partir de ahí se convertiría oficialmente en mi niña Padma. “Que curioso”, pensé,” tiene que venir una aerolínea a recordarme que el tiempo pasa y que Padma ya es de pleno derecho una niña”. La miré mientras se tomaba la siesta y me vinieron a la mente fotogramas de todos los lugares que ha recorrido en estos 2 años, a los que si les sumamos los 9 meses de embarazo…pues tendría millas como para que le hiciesen la tarjeta platinum de viajera frecuente en cualquier aerolínea.

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Padma de siestanga en Rawai

El día que me enteré de que venía en camino estábamos recorriendo en moto la carretera que conecta Nusa Ceningan y Nusa Lembongan, dos preciosas islas no lejos de Bali. Su mamá, que pegaba bien su tripita contra mi espalda mientras surcábamos ese pedazo de costa tras la caída del sol, ya lo sabía desde hacía unos días, pero estaba esperando el momento adecuado para decírmelo.

Algo sentí. Un calorcito especial en mis lumbares, que me hizo frenar en seco la moto en la cuneta, girarme y preguntarle a los ojos a Yao Hua: “¿Is the baby coming?”. Pillada así por sorpresa, y con lo mucho que detesta la gente del lejano oriente mentir, no pudo ni quiso ocultarlo más y me respondió con la cabeza afirmativa y los ojos sonrientes.

Desde ese momento hasta el día de hoy, Padma ha recorrido medio mundo, llevándonos de la mano en un viaje de descubrimiento personal y encuentro con el mundo como nunca antes lo habíamos experimentado. Esta gurú enfundada en el cuerpo de un bebé, tenía muchas ganas desde que nació de hacernos comprender todo lo que traía consigo. Su cuerpo no recordaba como hablar, pero su mirada y sus gestos, sus intuiciones con las personas y los lugares…su manera de hacernos entender  limitaciones e imperfecciones como seres humanos que teníamos y que creíamos superadas.

Ha sido realmente un reencuentro con la vida desde una perspectiva única e íntima. Ha sido una vuelta a hacer frente a nuestros fantasmas olvidados, latentes. Ha sido conocer nuestros límites y tener de frente a un pequeño ser que nos mira y, justo cuando estamos temblando de pavor, nos sonrie y acurruca su cabeza contra nuestro pecho. Ha sido, en fin, un gran paso adelante en nuestro camino vital.

Qué digo! Han sido muchos muchos muchos pasos en nuestro camino, y en el de ella. Tras revelárseme en Nusa Lembongan, salimos en barco a la mañana siguiente con destino a Bali. Dos semanas después volábamos a Kuala Lumpur a pasar un fin de semana de lujo antes de seguir ruta hasta Taiwan.

Tras anunciarle a los abuelos maternos la buena nueva y pasar unos días en família, volamos a Bangkok y de ahí a Madrid…para acto seguido pillar otro avión a Almería donde me esperaba mi madre y parte de la família para pasar una quincena en Cabo de Gata.

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Yao Hua refrescandose la tripa y poniendo a Padma a remojo en Cabo de Gata

Tras ella, subimos a Valencia a comprar un coche de segunda mano, con el que nos fuimos a Barcelona, San Sebastián y finalmente Santiago.

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Padma y su mamá se descojonaban del otro lado de la cámara mientras un servidor haciendo el payaso por Barcelona 

Una vez allí, organizamos todos los petates de la boda y en menos de 2 meses ya estábamos casados y con todos los bártulos en el coche con destino al sur. Recorrimos todo Portugal y de ahí entramos a Andalucía, donde llegamos a Cádiz a pasar un par de meses de relax en una casita junto a la playa del Palmar.

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Luciendo tripita en una desierta playa de Portinho da Arrábida

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Sacando a Padma de paseo por las preciosas callejuelas de Óvidos

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Paseíto por el Palmar…a Padma le gustó mucho esta playa, no paraba de bailar en la barriga de mamá

Tras ese tiempo fuera del tiempo, subimos de nuevo a San Sebastián, donde yo tenía que hacer algunas cosas de trabajo, visitamos a parte de la familia que allí vive y nos hicimos una escapadita por el sur de Francia. Tras todo ese periplo, llegamos a Galicia para pasar los últimos meses antes del parto tranquilamente en un apartamento no muy lejos de el de mi madre (por aquello de tener ayuda práctica).

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Flipando con las vistas de Donostia desde el monte …Igueldo? Si mi abuela se entera de que no lo se, me mata!

Entonces llegó ella. Salió a flote en una piscinita de una habitación de parto natural en el agua a escasos quilómetros de la pequeña isla de Arousa; a donde fui a quemar algo de mi vida pasada y de la de Yao Hua al atardecer, para que con el humo se esfumasen todas las cosas que nos atenazaban del pasado y pudiésemos emprender esta nueva etapa con el alma libre.

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Qué decir de esta foto…

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Cuando Padma tenía 2 meses y pico, volvíamos a estar en ruta de vuelta a Asia. A partir de ahí, Padma ha viajado y vivido en otro incontable número de lugares, ha incluso regresado un par de meses por Galicia para pasar estas navidades con mi familia. Nació en Galicia, cumplió su primer año en Bali y su segundo año en Bangkok. De todas estas peripecias tras su nacimiento he ido dando cuenta en esta pequeña bitácora…y espero seguir haciéndolo.

Lo que quería destacar en esta ocasión es que Padma se gestó y nació en pleno apogeo de nuestros nomadismos, y ni siquiera el embarazo o su nacimiento cambiaron nuestra manera de ententer la vida y el Amor. Por el contrario, los abrió a una dimensión totalmente nueva y excitante. Sinceramente, creo que el embarazo no es un impedimento para seguir viajando, tan solo hay que adaptarse y disfrutar de una manera diferente. Transmitiendo a esa pequeña alma que vive en tu interior una serie de sensaciones, emociones y mensajes que, sin tener ni idea del aspecto científico del asunto, estoy seguro ayudan al bebé a nacer y desarrollarse con una mente más abierta y despierta.

Sin embargo, ahora que estamos recién aterrizados en Taiwan, llegamos con la sensación de que tanto trasiego nos empieza a fatigar. Que necesitamos un lugar donde sentir que podemos echar raíces, sin por ello renunciar a nuestras alas. Incluso Padma parece estar encantada con nuestra vuelta a Taiwan, todo su ser grita “de vuelta a casa!”, lo puedo notar a cada instante. Ella, está tan llena de Ananda (la alegría budista) como lo está su mamá…y su papá. Y es una gozada verla revolotear por casa, sintiéndola suya.

No se, quizá sea la señal de que toca pasar del semi-nomadismo al semi-sedentarismo… os mantendré informados de lo que nos dicta Padma 😉

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2 comentarios en “Nacer en ruta

  1. Jo que bonita vuestra historia, inevitablemte me han caido unas pequenas lagrimitas…. de alegria claro.Leer estas cosas que siento tan cercanas me dan fuerza y esperanza para continuar buscando, para continuar viviendo y sobre todo para seguir viajando y disfrutando de mi hijo.Un gran abrazo.

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